No hay duda de que este post va a ser complicado de escribir, pero sentía la necesidad de comentar lo que trata de una vez por todas. No me voy a meter en temas religiosos ni políticos -no esta vez, pero seguramente aparezcan más adelante-. Hoy quiero hablar de una idolatrización un peldaño más bajo en la escalera.
Esto siempre ha existido, pero parece que cuanto más avanza la tecnología y la gente tiene más a mano la gilipollez ajena, más crece el número gente idealizada y fanática, como si fuese algo contagioso. Desde niñas rajándose las venas por un cantante hasta críos y no tan críos divulgando las palabras de un gran filósofo amante de las maduras y defensor de una igualdad entre géneros que se saca de los c******. Todo eso inunda nuestro día a día lo queramos o no, ya que si bien nos podemos librar de ambos tipos de persona, de su fama y del recorrido que realizan sus burradas con el boca a boca no. Hoy en día basta con conseguir un número considerable de fans para poderlos adoctrinar sin que nadie se haga nada al respecto. ¡Menos mal que las sectas están prohibidas y qué pena que la imbecilidad no!
Pero a lo que iba... ¿En serio es tan complicado que los padres comprueben qué hacen sus hijos con sus vidas hasta cierta edad (y no hablo de controlar, sino de supervisar). La de cosas que nos ahorraríamos así...
Antes he dicho que siempre ha existido este fenómeno (supongo que es porque un ídolo da la posibilidad de sentirse parte de algo y a la vez puede llegar a transformarse en un motivo para vivir, pero no soy psicólogo ni mucho menos); sin embargo, desde la llegada de las redes sociales, esto ha dado un paso más allá de la locura anterior, hasta el punto de que nadie joven con acceso a Internet se ha librado de la influencia directa o indirecta de alguno de los dichos grupos o de sus fundadores. El mundo se está convirtiendo en un conjunto de grupos capaces de hacer lo que sea por quien admiran, incluso atar su moral e inteligencia y no desarrollarla lo más mínimo, siguiendo palabra a palabra lo que se les dicta.
Los millennials seremos un desastre, pero esperaos. Nosotros somos fruto de una mala sociedad predecesora, pero los que vienen detrás de nosotros lo son de lo más bajo de la misma. Esperad, que ya veréis lo que es avergonzarse de la especie.
Ya para terminar, quiero pedir menos dureza para estas ovejas fanáticas, ya que no son los primeros ni serán los peores al paso que vamos.
Los millennials seremos un desastre, pero esperaos. Nosotros somos fruto de una mala sociedad predecesora, pero los que vienen detrás de nosotros lo son de lo más bajo de la misma. Esperad, que ya veréis lo que es avergonzarse de la especie.
Ya para terminar, quiero pedir menos dureza para estas ovejas fanáticas, ya que no son los primeros ni serán los peores al paso que vamos.

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